Cristo en el Hogar Caprichos de la infancia

R.P. Raúl Plus SJ

La Adoración de una Madre, Joseph Clark, 1884

Rudyard Kipling, autor británico de cuentos infantiles y Nobel de Literatura de 1907, escribe a manera de exordio en el primer capítulo de sus Memorias:

“Dadme los seis primeros años de la vida de un niño, y yo haré lo restante”.

¡Cuánto deberían meditar sobre esto los padres!

¿A qué se debe que Kipling pueda hablar así?

Existe, evidentemente, la cuestión de la herencia. Todo hombre es heredero, y todo hombre es antepasado. Los hijos se parecen a los padres. Ya he pensado sobre esto.

Existe, —segunda forma de influencia— la formación que antes del matrimonio se procuraron el padre y la madre. “¿Cuándo empieza la educación de un hijo?”, preguntaron a Napoleón Bonaparte. Y contestó: “Veinte años antes de su nacimiento, mediante la educación de la madre”.

De la madre. Y también del padre. Pero sobre todo de la madre, porque en manos de ella vive el hijo hasta la edad de seis años.

¡Grave error el de permitir que la voluntad del hijo ceda a todos sus antojos!

Dirá usted que no entiende nada; que no se puede hacer entrar en razón a un niño que aún está en la cuna.

No es verdad; antes pueden enseñarse a un niño muchas cosas ya desde la cuna. No precisamente haciéndole razonar, sino haciéndole acostumbrar. Imaginemos a dos madres, ambas en posesión de un hijito. Como es natural, uno y otro gritan cuando quieren manifestar un deseo. En uno de los dos casos, la madre, segura de que ha satisfecho todas las exigencias legítimas del niño, le deja gritar; el crío quisiera adelantar en unos minutos la hora de mamar o de chupar el biberón. No lo logrará; el biberón le será servido a la hora señalada, y no antes. El chiquillo, sintiendo que no se le da atención a sus llamadas, opta por callar. En el otro caso, no bien el bebé rompe a llorar, la madre no sosiega. No puede resistir un solo grito de su hijo. En vez de criarlo para él, lo cría para sí, porque sufre demasiado oyéndole llamar, o porque los gritos la aturden, la molestan. Cede y está perdida. El pequeñuelo se tornará horriblemente antojadizo. Más tarde no podrá con él. En vez de ceder, la postura sería: “Grita cuanto quieras, hombrecito mío; ya sé que nada necesitas”; y esta actitud no se inspiraría, por supuesto, en la pereza, sino en el afán de educar bien.

Esto no pasa de ser un detalle; pero obre así la madre en todo cuanto haga, o sea con la exclusiva mira del bien del hijo. A los seis años, este habrá aprendido a obedecer. Y si la madre, siguiendo progresivamente el desarrollo del niño, le ayuda a desenvolver su tierna libertad, habrá ganado la partida. Pero no estará todo acabado. Puede decirse que no ha hecho más que empezar, aunque habrá dado un paso muy importante.

Hasta ahora se ha hecho labor de adiestramiento, desde luego necesaria. Ahora seguirá la educación verdadera. Si se fracasó en los principios, la segunda educación será casi imposible. Es tan imposible levantar un edificio sólido sobre un volcán, como formar una voluntad firme en una naturaleza siempre frenética y habituada al capricho. Será poco menos que inútil intentarlo.

Kipling está en lo cierto. A la luz de su juicio rectificaré, si es preciso y aun estaré a tiempo, mi manera de obrar.

 

* Adaptado del libro Cristo en el Hogar, Ed. Subirana, Barcelona, 1960, p. 565-567.

‹ El Castillo de Coca Palabras del Director Nº 206 - Febrero de 2019 – Año XVIII ›
Palabras del Director Nº 206 - Febrero de 2019 – Año XVIII ›
‹ El Castillo de Coca



Tesoros de la Fe N°206 febrero 2019


El Islam y el Suicidio de Occidente Orígenes, doctrinas y objetivos del Islam
Caprichos de la infancia Febrero de 2019 – Año XVIII Mahoma sedujo a los pueblos prometiéndoles los deleites carnales Pena de muerte: Una ejecución en Roma Desfile militar en Lourdes El Islam y el suicidio de Occidente San Pablo Miki y compañeros mártires El Castillo de Coca



 Artículos relacionados
Un protagonista de la vida de la Iglesia Ha fallecido un protagonista de la vida de la Iglesia, a caballo entre dos siglos y dos milenios...

Leer artículo

El carácter providencial en la obra de dos grandes santos Para quien ve la historia con ojos de fe y sabe discernir a lo largo de ella las intervenciones de la Providencia en favor de la Santa Iglesia, le parece impresionante la coincidencia y la armonía entre las misiones de dos grandes santos: san Luis María Grignion de Montfort y santa Margarita María Alacoque...

Leer artículo

Falsas representaciones de la fisonomía de los santos ay personas que juzgan que las imágenes de los santos —de las cuales las estampitas son una reproducción— deben ser hechas para producir en el pueblo exclusivamente una sensación que lo cautive...

Leer artículo

La crucifixión y muerte de Jesucristo Jesús, abrumado bajo el peso de su carga, cayó penosamente en el camino. El cortejo se detuvo un momento para levantarlo, lo que dio ocasión a los verdugos para maltratarle...

Leer artículo

Restauración espiritual de la virginidad Monseñor Villac: tengo 21 años y me gusta mucho leer las páginas que usted dedica para aclarar cuestiones modernas a la luz de la doctrina católica. Son realmente muy interesantes y un farol para que todos los católicos conozcan su doctrina frente a problemas actuales tan complicados. Entonces, le pido el favor de aclararme una duda muy importante para mí. Estoy seguro de que sus explicaciones me darán el rumbo preciso que debo seguir en la vida...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino