Plinio Corrêa de Oliveira La impresión que causa el castillo de Chenonceau, a primera vista, ¡es de entusiasmo! ¿Cuál es la razón por la que produce este sentimiento? Imaginemos que se tratara de un castillo construido sobre el suelo firme y que, en lugar de que un río corriera por debajo de él, pasara una carretera polvorienta común, que permitiera el tránsito de carretas, automóviles, etc., etc. ¿No es cierto que el castillo perdería al menos el cincuenta por ciento de su encanto? Con esta observación, queda más claro qué guió a su constructor para producir esa sensación de arrebato. Fue una obra basada en el siguiente principio: todas las cosas que se reflejan en el agua ganan en belleza. Se tiene una sensación paradisíaca al ver el agua del río fluir tan plácidamente, enmarcadas por el azul del cielo, y el castillo que, al reflejarse en las aguas, reproduce la imagen de sí mismo. Como se puede observar, la mayor belleza del castillo consiste en haber concretado esta idea tan original de construir una parte de él sobre un puente. Y esto de tal modo que, por así decirlo, parece un cisne sobre el agua. Es propiamente un castillo-cisne. ¡Fluctúa sobre el agua como una fantasía, algo irreal, un sueño! Por otra parte, cuánta armonía ha sido puesta, según el espíritu francés, en esta portentosa obra de arquitectura. El castillo está construido por tres elementos distintos. El primero es el puente con sus arcos, sobre el cual está construida el ala más ligera del edificio. El segundo elemento es el cuerpo central del castillo. Y, por último, a la izquierda una torre, que debe ser el vestigio de una antigua fortaleza medieval: sólida, maciza, grande y que causa una profunda sensación de estabilidad.
Llama la atención el contraste entre los arcos del puente, tan diáfanos y ligeros, y la pesada base de la parte central. Esta mezcla de firmeza, de estabilidad y de delicadeza crea un contraste armonioso de cualidades opuestas, que acentúa la fascinación que ejerce esta parte del edificio. Son estos tres elementos sucesivos los que confieren al castillo su encanto y explican su belleza. Al fondo se divisa un espléndido jardín. Un cuadrilátero que presenta unos diseños y una vegetación bellísimos, con aquel césped color esmeralda característico de Europa que aquí no se conoce. Este jardín está arreglado y “peinado”, de tal manera que no puede serlo más. Para compensar este excesivo arreglo, tenemos al lado un bosque “despeinado”, en puro estado silvestre, que completa plenamente el panorama. En otras palabras, todo lo que parece espontáneo ha sido estudiado con extraordinaria sagacidad, para provocar un efecto de conjunto. Pero con tal perfección, que la noción de armonía nace de por sí. La cúspide de la armonía radica justamente en que no se pueda precisar, a primera vista, en qué consiste, lo cual exige mucha atención para definirla.
|
Venerable Lucía de Fátima La vidente está más cerca de subir a los altares |
|
La vida del Divino Salvador comenzó en medio de afrentas Jesucristo en su Encarnación, en su Natividad y en toda su vida aceptó voluntariamente ser anonadado por otros... |
|
San Edmundo Campion Edmundo nació en Londres el 24 de enero de 1540. Su padre, “un librero muy honesto”, lo educó piadosamente en la religión católica... |
|
Yo, obispo exorcista En un reciente libro, el obispo de Isernia-Venafro, en Italia, describe sus experiencias de exorcista y las sorprendentes conclusiones a que fue llevado durante una década de práctica del Exorcistado... |
|
“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” – II Después de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo al cielo, Pedro continúa teniendo la principal función en la Iglesia naciente... |
|
Madonna della Strada Esta es la pintura de la Santísima Virgen conocida como Madonna della Strada (Nuestra Señora del Camino), ubicada en una capilla entre el altar de San Ignacio y el altar mayor de la iglesia de Il Gesù... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino