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Plinio Corrêa de Oliveira
Luego de analizar la humildad del monje (ver número anterior), consideremos la del gentilhombre. El conde Wladimir d’Ormesson fue hasta mediados de 1956 embajador de Francia ante la Santa Sede. En nuestra fotografía lo vemos revestido con uniforme solemne de diplomático, arrodillado ante el Santo Padre Pío XII con ocasión de una audiencia. Sería difícil imaginar una actitud que expresara, tan completamente, una alta conciencia de su propia dignidad, y al mismo tiempo un vivo respeto ante la autoridad excelsa y suprema, ante la cual el embajador tiene la honra de encontrarse. La rodilla en tierra, pero el tronco y el cuello erectos, la nobleza y reverencia del saludo, todo, en fin, muestra cuánto respeto y cuánta dignidad contienen los tradicionales estilos diplomáticos, de los cuales el conde se muestra aquí intérprete fiel, y que fueron elaborados en los siglos áureos de la civilización cristiana.
* * * A su vez, considérese al prior. Hay una especie de contraste entre su gran figura blanca, erecta, robusta, estable, que expresa autoridad, seguridad y paterna protección y la expresión fisonómica que parece neutra, impasible, serena, un poco distante. La figura expresa la actitud oficial del prior. La fisonomía traduce el desapego, la simplicidad del hombre. Pues no es al hombre en cuanto tal, sino al cargo, a quien el homenaje se dirige. Y, con el debido respeto, consideremos la posición del Pontífice. Sentado en un pequeño trono, él no se levanta para recibir el homenaje del embajador. Sin embargo, inclina ligeramente el busto para aproximarse más al conde. Conserva su mano en la de él. Da, a toda la acogida, una nota de amenidad muy marcada. Y aunque manteniéndose enteramente como Papa, da todas las muestras de la más entrañable benevolencia y del mayor aprecio hacia el embajador. * * * Cuatro actitudes inspiradas en una visión muy jerárquica de las cosas, todas ellas nobles, dignas, honrosas, aunque cada una a su modo. En una palabra, esplendor de la humildad cristiana y belleza de una vida jerárquica…
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Nuestra Señora de Fátima |
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Ad te levavi oculos meos Inciertos, como todo el mundo, sobre el día de mañana, elevamos nuestros ojos en actitud de oración hasta el excelso trono de María, Reina del Universo. Y al mismo tiempo afloran a nuestros labios, adaptadas a Ella, las palabras del salmista dirigidas al Señor: Ad te levavi oculos meos, quae... |
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¿Puede un católico practicar yoga? Apreciado Monseñor: En la revista del mes de agosto último, usted escribió que el yoga y el reiki son ejercicios propios de corrientes panteístas. Mi hija asiste regularmente a misa los domingos, no obstante, practica yoga una vez por semana, para beneficiarse de las propiedades relajantes de los ejercicios, según me explicó. ¿Es posible que un católico practique yoga sin contaminarse con la doctrina religiosa subyacente?... |
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Súplica junto al Pesebre Se aproxima una vez más, Señor, la fiesta de vuestra Santa Navidad. Una vez más, la Cristiandad se apresta a veneraros en el pesebre de Belén, bajo el centelleo de la estrella, o bajo la luz, aún más clara y refulgente, de los ojos maternales y dulces de María... |
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Crueles tormentos que infligieron al insigne Siervo de Dios fray Diego Ortiz Hacía tiempo ya que los religiosos agustinos se encontraban evangelizando en la región de Vilcabamba, cerca del Cusco, cuando llegó allí fray Diego Ruiz Ortiz, a principios del año 1569, a participar de tal misión... |
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El pan nuestro de cada día A diversos títulos el pan puede ser considerado el alimento por excelencia. En muchos lugares es la base de la alimentación. Por eso rezamos: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, aunque ahí el vocablo signifique el alimento en general. Mucho más significativo es el hecho... |
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