Sicut populus sic sacerdos, ha dicho con profundo pensamiento el profeta Joel: como es el pueblo es el sacerdote. O dicho de otra manera: el sacerdote es el exponente de la piedad y de la cultura de un pueblo. Pero es igualmente cierto que según sea el sacerdote será también el pueblo. Estas dos sentencias, al parecer antitéticas, encierran una gran verdad y se concilian perfectamente entre sí. El sacerdote es la resultante del estado espiritual de un pueblo. Si en ese pueblo reina la fe, la piedad, las costumbres cristianas, si se respira ambiente de Evangelio, en una palabra; el número y calidad del sacerdocio será verdaderamente consolador. Ese pueblo no será afligido por el tremendo azote de la escasez de sacerdotes; allí florecerán como por encanto las vocaciones eclesiásticas. Pero, si por el contrario se trata de una sociedad en que languidecen las costumbres cristianas y se caracteriza por el ambiente frívolo y tal vez hostil al sacerdocio, por los hogares paganizados mediante las modernas corrientes laicistas, en suma, si no vive conforme al Evangelio; en la tal sociedad tendrán que escasear forzosamente las vocaciones sacerdotales. Por otra parte no puede desconocerse que el sacerdote es un factor eficaz de regeneración de los pueblos. No en vano nuestro divino Salvador dijo del sacerdote que es la luz del mundo y la sal de la tierra (Mt 5, 14), y comparó la acción sacerdotal al fermento que transforma toda la masa (Lc 13, 21). Tan cierto es esto que en los pueblos que tienen la dicha de poseer un buen párroco florecen las virtudes cristianas y viven la vida de Cristo. El santo Cura de Ars es un ejemplo magnífico de los anteriores asertos y cuantos sacerdotes se dedican con celo y diligencia al cultivo de la Viña del Señor respaldados por el poderoso argumento de una vida ejemplar. Por razones obvias que no necesitan mayor explicación, desastrosa para la sociedad es la actuación del mal sacerdote.
Cardenal Juan Gualberto Guevara, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Carta Pastoral con motivo de la toma de posesión de su cargo (28-04-1946), Editorial Lumen, Lima, 1946, p. 10-11.
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