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Estimados amigos: El Evangelio de San Juan (capítulos 20 y 21) narra diversas manifestaciones de nuestro Divino Salvador a sus discípulos después de la Resurrección. El apóstol Tomás, que por no haber estado presente en ellas se negaba a creer, les dijo: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo". Ocho días después, estaban reunidos nuevamente los apóstoles en el Cenáculo, cuando Jesús apareció y dirigiéndose a Tomás le dijo: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente". A lo cual Tomás respondió con esta formidable confesión de fe: "¡Señor mío y Dios mío!" Cuarenta días después de la Resurrección, Nuestro Señor ascendió a los cielos en cuerpo y alma. Quedaron con nosotros, sin embargo, algunas pertenencias suyas que como sagradas reliquias han sido celosamente custodiadas y piadosamente veneradas por los cristianos a lo largo de los siglos, en medio de las convulsiones de este mundo. Entre las más conocidas están el Santo Sudario de Turín, la Santa Faz de Manoppello, la corona de espinas y los clavos que llevó San Luis Rey a París. Menos conocida, pero de gran valor, son los restos de las sandalias de Jesús que se conservan en Prüm, Alemania. Sobre estas reliquias y los análisis realizados en ellas por el profesor de genética Gérard Lucotte, en abril del 2011, trata el artículo de nuestro colaborador Luis Dufaur que presentamos como Tema del Mes. Esperando que la lectura del presente número les sea del mayor provecho espiritual, me despido. En Jesús y María,
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Dichosos los que creen sin haber visto |
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Aux jardins de Monsieur Le Nôtre “En los jardines del Señor Le Nôtre”, tal es el título de las celebraciones con las que Francia conmemoró recientemente los 400 años del nacimiento del mayor jardinero de todos los tiempos: André Le Nôtre (1613-1700)... |
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Oración al Señor Crucificado ¿Qué tengo yo, Señor Jesús, que tú no me hayas dado?... |
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El Velo de la Verónica Una consulta que me formularon al respecto, despertó en mí una antigua curiosidad: ¿dónde está el Velo de la Verónica? ¿Se habrá salvado de las tempestades de la historia? Si está en algún lugar, ¿por qué no se habla de él?... |
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San Hilarión, el Grande The Catholic Encyclopedia, en su sección “Padres de la Iglesia”, transcribe la Vida de san Hilarión escrita por san Jerónimo, con la siguiente anotación: “La vida de Hilarión fue escrita por Jerónimo el año 390 en Belén. Su objetivo era promover la vida ascética a la que estaba consagrado... |
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¿Estamos obligados a creer en todas las apariciones particulares? La Iglesia siempre ha sido muy cauta a la hora de ocuparse de apariciones y fenómenos místicos extraordinarios, dando su aprobación solamente después de un riguroso proceso canónico, interrogando a las personas implicadas, a terceros que las rodean, a peritos en alguna ciencia que puedan verificar determinados hechos... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino