Estimados amigos: La Plaza de la Concordia en París ha sido el escenario de trágicos acontecimientos como la ejecución del rey Luis XVI, acaecida el 21 de enero de 1793. Transcurridos 233 años del infortunado hecho, reproducimos como Tema del Mes extractos de una meditación de Plinio Corrêa de Oliveira. En aquel entonces, el Papa Pío VI pronunció una memorable alocución sobre la fatídica muerte de Luis XVI, durante el Consistorio del 17 de junio de 1793. El Pontífice afirmó en dicha ocasión: “¡Ah, Francia! ¡Ah, Francia! Tú, que nuestros predecesores llamaban el “espejo de toda la cristiandad”, el inconmovible apoyo de la fe; tú que por tu celo hacia la cristiana fe y por tu piedad filial hacia la Sede Apostólica no marchas a la zaga de las otras naciones sino que las precedes a todas, ¡qué adversa Nos eres hoy! … Y, sin embargo, no puedes ignorar, aunque lo quisieras, que la religión es la custodia más segura y el fundamento más sólido de los imperios, puesto que reprime igualmente los abusos de la autoridad en los príncipes que gobiernan, y los extravíos de la licencia, en los sujetos que obedecen. “¡Oh, día de triunfo para Luis XVI a quien otorgó Dios paciencia en las tribulaciones y victoria en medio del suplicio! Tenemos la certidumbre de que ha cambiado la corona real, siempre frágil, y las flores de lis, pronto marchitas, por una diadema imperecedera que los ángeles tejieron con inmortales azucenas”. Pío VI termina su discurso invitando a los cardenales a una misa solemne “por el reposo del alma del rey Luis XVI. Aunque estas plegarias fúnebres puedan parecer superfluas cuando se trata de un cristiano que se cree ha merecido la palma del martirio, puesto que san Agustín dice que la Iglesia no ruega por sus mártires sino que más bien se encomienda a sus oraciones”. Deseándoles, como de costumbre, una grata y provechosa lectura, me despido. En Jesús y María, El Director
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Martirizado en París el 21 de enero de 1793 |
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¿Se debe dar crédito a toda y cualquier aparición de Nuestra Señora? Según el Apocalipsis 7, 15 los santos prestan culto a Dios día y noche, por lo que les es imposible manifestarse en espíritu en este mundo. Valiéndose de ello, el diablo nos puede engañar, tomando la apariencia y la forma de alguno de ellos (2 Cor 11, 14)... |
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