Ambientes Costumbres Civilizaciones Decoración espiritualista, decoración materialista

Plinio Corrêa de Oliveira

En la sala de sesiones del Palacio de Luxemburgo, en París, construido entre 1615 y 1620 bajo la dirección de Salomon De Brosse para la reina María de Médicis, se reúne el Senado de Francia, la cámara alta del Parlamento francés. El ambiente es admirablemente adecuado para su propósito.

El orden natural de las cosas exige que el buen gusto, la riqueza, la solemnidad y la tradición realcen y den lustre a los lugares construidos para que en ellos tengan lugar grandes acontecimientos. Y eso es precisamente lo que se encuentra allí. La boiserie, la columnata, las líneas sencillas y nobles de la tribuna y de la mesa de la presidencia, el porte solemne de las grandes figuras de mármol que iluminan el ambiente con el resplandor de siglos enteros de cultura y de gloria, la fuerza, la majestad, la gracia y la riqueza de todas las cosas, en definitiva, concurren a que se considere este lugar plenamente digno de que en él se reúnan los representantes de Francia, para debatir los destinos del país.

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Masas brutas, aplastantes, líneas de una frialdad siniestra: ¿un tribunal para juzgar a criminales? ¿O una mesa de interrogatorio policial sobre la que se cierne, implícita pero pesada, la amenaza de un campo de concentración?

Nada de eso. Es la tribuna de la Asamblea General de la ONU, concebida según determinado gusto moderno. Este es el nivel al que cierto “arte” reduce la vida moderna.

En el Palacio de Luxemburgo, la composición del ambiente tuvo en cuenta no solo las conveniencias materiales y técnicas, sino principalmente las espirituales, satisfaciendo todo lo que el espíritu humano podía pedir en relación con los actos a los que se destina la sala. Es una decoración realizada por hombres que creen en el alma inmaterial. La tribuna de la ONU niega todo al alma, la ignora por completo. Se construyó únicamente en función de las comodidades materiales. En definitiva, es una decoración típicamente materialista.  

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Tesoros de la Fe N°299 noviembre 2026


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