Mulato, era hijo de un descendiente de cruzados y de una esclava liberta. Entró como donado en uno de los conventos dominicos de Lima, donde llevó una vida extraordinaria por la humildad, penitencia, caridad y por el don de milagros.
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Devociones marianas en el mundo |
El siervo de Dios Nicolás de Ayllón, un chiclayano camino a los altares |
Artículo de portada
Nicolás de Ayllón: El extraordinario “indio santo” peruano Con demasiada frecuencia la palabra “indigenismo” significa la exaltación de las sociedades primitivas y hasta salvajes, al gusto de cierta izquierda neomarxista que, a través de la revolución cultural, busca llevarnos hacia un comunismo neotribal y anárquico... |
Palabras del Director V
Estimados amigos:
¡Bienvenido al Perú, Santo Padre!
Este es el grito unánime del pueblo fiel ante la presencia en nuestra tierra del Papa León XIV.
¡Viva el Papa, viva el Perú!, serán algunas de las expresiones que en los próximos días resonarán con motivo de tan esperada e inolvidable visita.
Si bien se trata del tercer Pontífice que pisa nuestro suelo, existen suficientes motivos para vislumbrar que esta visita superará a todas las anteriores. El Perú no es para Robert Prevost un país lejano ni ignorado: la divina Providencia lo condujo desde muy joven a este rincón del mundo donde ha ejercido ampliamente su apostolado.
Misionero en Chulucanas, párroco y vicario judicial en Trujillo, obispo en Chiclayo, administrador apostólico del Callao, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, cardenal de la Santa Madre Iglesia Romana y ahora Sucesor de San Pedro y Vicario de Jesucristo.
¿Qué podemos esperar de su ilustre visita?
—Que, por la intercesión de la Reina de los Cielos, el Perú se libre de la indiferencia religiosa, el aborto y la eutanasia, y que el país entero retorne al redil de la Santa Iglesia y de la civilización cristiana, de la cual nunca debió apartarse.
En homenaje a la visita del Papa León XIV, presentamos en esta edición un artículo sobre un indio noble y siervo de Dios, natural de Chiclayo: Nicolás de Ayllón (1632-1677). Desde muy joven se trasladó a la capital, donde ejerció el oficio de sastre por divina inspiración. Caritativo al extremo, junto a su virtuosa esposa María Jacinta Montoya concibió la idea de acoger en su morada a niñas españolas en peligro de abandono moral.
Antes de morir, la Santísima Virgen —a quien dispensaba una gran devoción— se le apareció para asegurarle que su casa quedaba bajo su maternal protección y que, en adelante, se llamaría de Jesús, María y José. Su entierro fue apoteósico; los milagros no tardaron en conocerse y ahora solo resta esperar su pronta elevación a los altares. ¡Quién sabe si por medio de un Papa chiclayano!
En Jesús y María,
El Director
Estimados amigos:
¡Bienvenido al Perú, Santo Padre!
Este es el grito unánime del pueblo fiel ante la presencia en nuestra tierra del Papa León XIV.
¡Viva el Papa, viva el Perú!, serán algunas de las expresiones que en los próximos días resonarán con motivo de tan esperada e inolvidable visita.
Si bien se trata del tercer Pontífice que pisa nuestro suelo, existen suficientes motivos para vislumbrar que esta visita superará a todas las anteriores. El Perú no es para Robert Prevost un país lejano ni ignorado: la divina Providencia lo condujo desde muy joven a este rincón del mundo donde ha ejercido ampliamente su apostolado.
Misionero en Chulucanas, párroco y vicario judicial en Trujillo, obispo en Chiclayo, administrador apostólico del Callao, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, cardenal de la Santa Madre Iglesia Romana y ahora Sucesor de San Pedro y Vicario de Jesucristo.
¿Qué podemos esperar de su ilustre visita?
—Que, por la intercesión de la Reina de los Cielos, el Perú se libre de la indiferencia religiosa, el aborto y la eutanasia, y que el país entero retorne al redil de la Santa Iglesia y de la civilización cristiana, de la cual nunca debió apartarse.
En homenaje a la visita del Papa León XIV, presentamos en esta edición un artículo sobre un indio noble y siervo de Dios, natural de Chiclayo: Nicolás de Ayllón (1632-1677). Desde muy joven se trasladó a la capital, donde ejerció el oficio de sastre por divina inspiración. Caritativo al extremo, junto a su virtuosa esposa María Jacinta Montoya concibió la idea de acoger en su morada a niñas españolas en peligro de abandono moral.
Antes de morir, la Santísima Virgen —a quien dispensaba una gran devoción— se le apareció para asegurarle que su casa quedaba bajo su maternal protección y que, en adelante, se llamaría de Jesús, María y José. Su entierro fue apoteósico; los milagros no tardaron en conocerse y ahora solo resta esperar su pronta elevación a los altares. ¡Quién sabe si por medio de un Papa chiclayano!
En Jesús y María,
El Director
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino