Estimados amigos: “En el mundo tendréis grandes tribulaciones, pero tened confianza, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33), dijo Nuestro Señor Jesucristo a los Apóstoles. Aquellas palabras de vida eterna valen también para nosotros, especialmente en los momentos en que vacilamos en nuestra fe y en la convicción absoluta de la victoria final de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. El propio emperador Juliano —el último del mundo romano, conocido en la historia como “el Apóstata”— acabó confesando esa misma verdad cuando exclamó: “¡Has vencido, Galileo!”. Había prometido exterminar a los cristianos, pero derrotado en batalla tras ser alcanzado por una lanza, arrojó su sangre hacia lo alto y lanzó aquel grito de odio, con el cual reconocía la victoria de Aquel a quien los fariseos llamaban “el galileo, el hijo del carpintero”. Fue la preciosísima Sangre de Nuestro Divino Redentor la que obtuvo la fractura de los deicidas, la derrota del mundo pagano y el nacimiento de la Cristiandad. Sin el supremo sacrificio ofrecido en la Cruz, en lo alto del Calvario, el mundo habría permanecido pagano. Pero quiso la Sabiduría que, para la destrucción del paganismo y la dilatación de la Cristiandad por todo el orbe, hubiese también el sacrificio de los apóstoles, de los discípulos, de los mártires, de los cruzados, de los santos, en fin, de todos los fieles que derramaron su sangre, en cuerpo o en alma, en defensa de la fe católica. De ahí la célebre afirmación de Tertuliano: La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Estas consideraciones vienen de la lectura de los pasajes finales de la excelente obra Jesucristo, Vida, Pasión y Triunfo, del P. Augustin Berthe, que transcribimos como Tema del Mes. Una materia tan elevada como bella, que proponemos a nuestros lectores como meditación durante el tiempo pascual. En Jesús y María, El Director
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Una elevada y bella meditación para el tiempo pascual |
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El Tirol: tesoro de Europa central Estando en Alemania, de viaje por Baviera, vi a algunos tiroleses. Aún conservo en la retina a un hombre, observado por mí en aquella ocasión, quincuagenario, usando un sombrerito medio verdoso, coronado por una pluma —lo cual indicaba que él estaba dispuesto a emprender alguna actividad atlética en el campo— vistiendo una ropa que nada tenía de deportiva, en el sentido actual del término, aunque era un traje de campo: un chaquetón pesado, de buena calidad, medias de lana gruesas, en fin, tejidos preciosos en cuanto a su duración. Se notaba que aquella vestimenta fue confeccionada para durar muchos años…... |
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Una multitud de almas que caen en el infierno Igualmente me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos, pues es de fe que todos los que mueren en pecado mortal se condenan…... |
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Dios no manda nada imposible Si los diez mandamientos son obligatorios para todos, no son imposibles para nadie. Está en nuestras facultades el observar aun los más difíciles, mediante los auxilios de la gracia que Dios nos ofrece, y que nunca niega a los que humildemente se la piden... |
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