Página Mariana Madre del Buen Consejo de Asís

Inefable delicadeza, sublime ternura y mutua complacencia

Paulo Henrique Américo

Pasquale Sarullo fue un pintor franciscano natural de la provincia de Palermo (Italia) que vivió en el siglo XIX. Sus obras fueron apreciadas por sus contemporáneos y tuvieron amplia difusión. Entre ellas destaca la pintura de la Madre del Buen Consejo, que “se encontraba” en la sala capitular del famoso convento de Asís. Sí, dije “se encontraba” porque el cuadro desapareció. Hoy solo disponemos de fotografías del mismo. ¿Qué habría ocurrido?

El pintor franciscano sin duda quiso hacer una copia de la Madre del Buen Consejo de Genazzano, el milagroso fresco cuya historia se remonta al siglo XV y cuyos prodigios han sido relatados en la revista Tesoros de la Fe en varias oportunidades.1

Plinio Corrêa de Oliveira, entusiasta devoto de la pintura de Genazzano, comentó con lujo de detalles la imagen, en la que podemos vislumbrar su gran veneración hacia la Santísima Virgen.2 Me parece que la Madre del Buen Consejo de Asís también se presta a un comentario y a una meditación. Que estas consideraciones aumenten nuestra devoción a la Madre de Dios.

“Proclama mi alma la grandeza del Señor”

El primer aspecto a destacar de la imagen es su inefable delicadeza. En este sentido, dos pequeños detalles puramente materiales me llaman la atención: el velo translúcido de María y las discretas orlas blancas en la túnica del Niño Jesús. Tal delicadeza se conjuga con la sublime ternura de las dos figuras: el Divino Infante y su Santísima Madre parecen complacerse mutuamente de una manera que solo el más perfecto de los hijos puede sentir por la más perfecta de las madres; y viceversa.

Es verdad que la reciprocidad natural entre el amor maternal y el amor filial trae esa nota de complacencia, algo que la mayoría de nosotros probablemente hemos experimentado en algún momento de la vida. Pero, al contemplar esta pintura, la manifestación de tal sentimiento se eleva a un grado casi incomprensible. Únicamente Jesús y María pueden alcanzarlo y comprenderlo a la perfección.

Observemos la mirada del Niño. ¿No parece —si el adjetivo cabe sin irreverencia— “abismado” ante esa maravilla que es su Santísima Madre? El mismo Dios admirando a la más excelente de las criaturas: obra suya y, al mismo tiempo, su Madre. Y Ella, la más pura de las madres y la más fecunda de las vírgenes, con los ojos bajos, tal vez dirigidos hacia su Hijo, transmite en el conjunto de su semblante una profunda humildad, como la que manifiesta en su oración del Magnificat:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1, 46-48).

En este espléndido intercambio de admiraciones se ve también una clara ilustración de lo que san Luis María Grignion de Montfort escribe en su famoso Tratado:

“Dios Hijo descendió al seno virginal de María como nuevo Adán a su paraíso terrestre para complacer y realizar allí secretamente maravillas de gracia.

“Este Dios hecho hombre encontró su libertad en dejarse aprisionar en su seno; manifestó su poder en dejarse llevar por esta jovencita; cifró su gloria y la de su Padre en ocultar sus resplandores a todas las criaturas de la tierra para no revelarlos sino a María; glorificó su propia independencia y majestad, sometiéndose a esta Virgen amable en la concepción, nacimiento, presentación en el templo, vida oculta de treinta años, hasta la muerte, a la que Ella debía asistir, para ofrecer con Ella un solo sacrificio y ser inmolado por su consentimiento al Padre eterno, como en otro tiempo Isaac, por la obediencia de Abrahán, a la voluntad de Dios”.3

El complejo monumental que comprende la Basílica Papal y el Sacro Convento de San Francisco situado en la ciudad de Asís, en la región italiana de Umbría, conserva un inestimable tesoro espiritual y artístico

Volviendo a la naturaleza de las cosas, una madre es, desde diversos puntos de vista, superior al hijo, y tal realidad se refleja en el cuadro. María es quien cuida y protege a Jesús, quien acepta someterse a Ella. Por otro lado, la Virgen Madre se inclina reverentemente ante el Hijo, en reconocimiento de todo lo que ha recibido de Él. Ella desea manifestar su inferioridad, a pesar de que el encanto expresado en la mirada del Hijo Divino realza las excelencias de su Madre.

Por esta razón, el gesto de la mano izquierda de María es más que comprensible. Ella apenas toca con los dedos la espalda del Niño, indicando sutilmente el sumo respeto por el tesoro infinito que tiene en sus brazos. Aquí no hay nada desmedido ni desequilibrado. Esta Madre no abrazará a este Hijo como si fuera un juguete, pues se trata del Señor del cielo y de la tierra. Solo María, la Madre por excelencia, sabrá estrecharlo entre sus brazos con todo el afecto y la fuerza, pero con respeto y dignidad.

Corazón pleno de amor maternal

Comparemos ahora la posición de la Madre y del Hijo en las dos pinturas: la de Asís y la de Genazzano. Se diría que en la imagen de Asís, Jesús apenas ha iniciado su movimiento hacia María. Va “ansioso” hacia Ella. Después, como vemos en la figura de Genazzano [arriba], el Niño la ha alcanzado, está a la misma altura que la Madre, o casi, y por eso sus rostros se tocan con ternura. Así, los dos cuadros parecen seguir dos momentos cronológicos, como en una película. ¿Habrá tenido esto en cuenta el artista franciscano?

Mater Boni Consilii a Genazzano A corta distancia de Roma se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Buen Consejo, imagen que en el siglo XV se trasladó allí milagrosamente desde Escútari, Albania, huyendo de la invasión turca y en respuesta a una fervorosa oración de dos piadosos albaneses

Nótese ahora el brazo derecho de Jesús. Él parece “agarrarse” al cuello de su Madre, atrayéndola a Sí. La actitud es muy parecida a la del cuadro de Genazzano. Sin embargo, en cuanto al gesto de la mano izquierda del Divino Infante, veo una diferencia pequeña, pero significativa. Me siento instintivamente llevado a esta consideración: a diferencia del gesto del cuadro de Genazzano, en el que su mano izquierda sujeta el cuello del vestido de María, el Niño Dios en la pintura de Asís posa suavemente la palma de su mano sobre el pecho de su Madre. Lo hace como para señalar dónde reside la fuente de todo este torrente de delicadeza, respeto y ternura: ¡el Corazón Inmaculado de María! Ahí está el foco que irradia todo el amor de Dios a los hombres y donde se encuentra la explicación de cuanto contemplamos en el cuadro.

Si queremos imitar perfectamente al Verbo Encarnado, Jesucristo, debemos volvernos hacia ese Corazón lleno de amor maternal. Amor que comienza por su Hijo Divino y luego nos alcanza a todos nosotros, hijos también de María.

Cuántas sublimidades expresadas en esta imagen pintada por un fraile franciscano.

*    *    *

Sabemos que históricamente el cuadro de la Madre del Buen Consejo de Genazzano fue transportado milagrosamente desde Albania hasta Italia a mediados del siglo XV. Pero durante mucho tiempo los católicos albaneses pensaron que la pintura simplemente había desaparecido. Nadie en ese país supo cuál había sido su paradero, hasta que llegó la noticia del milagro.

La pintura que analizamos también desapareció del Sacro Convento de Asís a finales del siglo XX. Se dice que fue robada.4 Quién sabe, sin embargo, si no se produjo con ella otro milagro de traslación. Y quién sabe si, por misteriosos designios de la Providencia, volverá a aparecer en otro rincón de la Tierra.

Son meras conjeturas, lo reconozco. Pero si nos convertimos en verdaderos hijos de la Virgen María, como Jesús, podremos traerla más cerca de nosotros. Será otro prodigio de la Madre del Buen Consejo.

 

Notas.-
1. Ver, por ejemplo: Juan Miguel Montes, Una visita a Genazzano, Tesoros de la Fe, n.º 284, agosto de 2025.
2. https://www.pliniocorreadeoliveira.info/Mult_740629_corte- sia_Na_Sra_Bom_Conselho.htm
3. San Luis María Grignion de Montfort Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, El Perú necesita de Fátima, Lima, 2025, p. 21.
4. https://it.wikipedia.org/wiki/Pasquale_Sarullo

Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores Santa Liduvina de Schiedam
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Tesoros de la Fe N°292 abril 2026


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