Pinceladas Tarde estival en la playa de Skagenna

Severin Krøyer, 1899 Colección Hirschsprung, Copenhague

Felipe Barandiarán

Informal pero elegantemente vestidos, Severin Krøyer, el pintor del cuadro, y su esposa, Marie Triepcke, también artista, pasean a lo largo de esta dilatada playa de Skagen (Dinamarca), en el crepúsculo de una serena tarde de verano, acompañados por su perro rap. Disfrutan aún de la luz del día, que no termina nunca de retirarse, aportando un color azulado que iguala el cielo, el mar y la arena.

Caminan del brazo, con la mirada perdida en el horizonte, embebidos, contemplando la inmensidad del mar. Como nosotros ahora, ante el lienzo, invitados a acompañarles en el paseo.

Las pequeñas olas que mojan tímidamente la arena que pisamos, hacen parte de esa masa líquida que se pierde en la línea del horizonte, que se dilata y se contrae, que se lanza y se mueve por toda la superficie de la Tierra. Su unidad grandiosa nos sobrecoge.

Al mismo tiempo, ¡qué variedad extraordinaria! Unas veces, como ahora, el mar se presenta manso y sereno, pareciendo satisfacer los deseos de paz, tranquilidad y quietud de nuestra alma. Sobre sus aguas planas, dos quietos veleros en la lejanía y un tímido haz de luz que se refleja serpenteando hasta nuestros pies.

Otras veces, el mar se mueve discreta y suavemente, formando pequeñas olas que parecen jugar en su superficie, distendiendo nuestro espíritu en la consideración de las realidades amenas y apacibles de la vida.

Pero también llega a la orilla, y con frecuencia, acelerado y jadeante. Y en ocasiones se muestra majestuoso y bravío, irguiéndose en movimientos sublimes, arremetiendo furiosamente contra las rocas, arrojando de sus abismos masas de agua insondables.

Puede mostrarse oscuro, impenetrable, profundo y misterioso. Y al poco, convertirse en el murmullo de una envolvente caricia, que adormece, semejante a la prosa de un viejo amigo al que ya se le escuchó muchas veces.

*    *    * 

Todas estas diversidades del mar no tendrían concatenación, ni encanto, si no se presentasen bajo el gran fondo de una inmensidad fija, invariable y grandiosa.

Dios es la causa ejemplar, el Ser infinitamente bello cuyo reflejo podemos apreciar de mil maneras en los seres creados y, sobre todo, en el conjunto jerárquico y armónico de todos ellos. El mar es un ejemplo soberbio. Su unidad y variedad se manifiesta ante nosotros, como espléndida imagen de la belleza increada y espiritual de Dios.

‹ ¡Viva Cristo Rey! Palabras del Director Nº 290 – Febrero de 2026 ›
Palabras del Director Nº 290 – Febrero de 2026 ›
‹ ¡Viva Cristo Rey!



Tesoros de la Fe N°290 febrero 2026


Los últimos dos milagros reconocidos oficialmente
Palabras del Director Nº 290 – Febrero de 2026 ¿Teología de la Liberación o marxismo para cristianos? La duquesa de Kent y la conversión de Inglaterra El elevado precio de un pasatiempo “inofensivo” Lourdes: los últimos dos milagros reconocidos oficialmente San José Sánchez del Río ¿Cómo operaba la gracia bajo la antigua ley mosaica, si la redención aún no se había producido? ¡Viva Cristo Rey! Tarde estival en la playa de Skagenna



 Artículos relacionados
La Comunión Reparadora de los primeros sábados Esta última devoción vino a pedirla formalmente, apareciéndose a la hermana Lucía el 10 de diciembre de 1925...

Leer artículo

Vitrales de la catedral de Chartres El espíritu de la Iglesia es el espíritu de Dios: sabe unir lo práctico a lo bello. De tal manera que, al ver una obra de arte, se nota que en ella se utiliza lo práctico casi sin pensar en él, y se admira lo bello como si sólo él existiese...

Leer artículo

Homenaje a Plinio Corrêa de Oliveira Cuando me sentí llamado por Dios al ministerio sacerdotal, encontré en el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira un estímulo inquebrantable para perseverar en ese sublime ideal. Ya lo seguía de cerca, impresionado y quizás cautivado, admirando desde entonces su espíritu católico, observando que todas las fibras de su alma estaban vueltas hacia Dios...

Leer artículo

La vuelta al mundo He aquí un retrato gracioso y entrañable de la vida escolar en el siglo XIX, donde la infancia se muestra en toda su espontaneidad. El centro de la atención la capta ese niño de blusón azul que, encaramado sobre un enorme globo terráqueo suspendido en el techo por una polea, juega como si cabalgara el mundo entero, mientras le empujan por detrás...

Leer artículo

Después del Juicio Final, ¿ya no existirá el Purgatorio? Según la enseñanza de la Iglesia Católica, el Purgatorio existe para la purificación de las almas que mueren en estado de gracia, pero que todavía necesitan ser purificadas de la escoria de los pecados pasados y pagar la pena temporal debida por ellos...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino